sábado, 4 de julio de 2015

Monster Party




Feliz Halloween
Para empezar, disculparme por no adjuntar la auténtica carátula del juego. La única versión de alta calidad que encontré por internet, Blogger no la reconoce, así que en su defecto, el título que aparece nada más iniciar el juego. Con las disculpas hechas, me gustaría mencionar que he forzado un poco este análisis para hacerlo en época de Halloween aún si en la fecha de la entrada esto no se corresponde, pues estoy reconstruyendo todas las entradas. Además, esto es un reemplazo de mi análisis de Prince of Persia: Las Arenas del Tiempo porque el combate en ese juego y un problema con la preservación de vida entre dos fases distintas me está retrasando demasiado y he buscado sustituirlo por un juego rápido, y Monster Party es el título perfecto porque va con la época del año y porque no pienso revisitarlo más ahora que sé de sus mecánicas, que sirven como una gran promesa, pero se ven limitadas y se quedan cortas. 

La historia nos habla de un chico joven llamado Mark que volviendo de un partido de béisbol ve lo que cree que es una estrella brillando. El chaval lagrimea al ver semejante cuerpo celeste y no se da cuenta de que la estrella cae a su lado, revelándose que no era una estrella, sino una especie de gárgola dinosaurio que se hace llamar Bert. El extraño monstruo le dice a Mark que su mundo está siendo atacado por monstruos y dice que use su bate para combatir el mal. El niño y la bestia se fusionan y aunque la historia es ridícula y absurda, nos explica dos de las mecánicas centrales del juego: el bate de Mark y la transformación en Bert. A lo largo de ocho niveles deberemos llevar al niño en niveles de scroll lateral que a diferencia de los del Super Mario original en la NES, podremos recorrer de vuelta otra vez pues la idea es que en cada nivel hay puertas con bosses en su interior que deben ser destruidos, uno de ellos lleva la llave y sin la llave es imposible abrir la puerta del final del nivel para ir al próximo. Uno de los tantos problemas del juego es que desde el principio ya te bombardea con enemigos sin que te hayas familiarizado con los controles, y las situaciones solo se hacen más complicadas a medida que avanzas, aunque curiosamente el enemigo que mejor te enseña la mecánica de batear proyectiles para devolverlos aparece en el segundo nivel y no en el primero, dónde hay un boss obligatorio al que para ganar necesitas usar dicha mecánica. O bien usar la forma de Bert. Y es que nuestro personaje es muy débil y mierdas en su aspecto humano, pudiendo solo agacharse y golpear con su bate en una distancia muy corta pero si matamos a muchos enemigos o consegumios una pastilla que sueltan enemigos al morir nos transformamos en Bert, que puede volar al pulsar repetidamente el botón de salto y dispara bolas de fuego de la boca, que, aunque deberían tener más rango, compensan siendo mucho más efectivas eliminando enemigos que el bate de Mark. Y es que el juego sería mucho mejor si fuéramos Bert todo el rato, porque para empezar sería más justo ya que la gran mayoría de enemigos disponen de proyectiles y la mayor parte de las veces nuestros golpes de bate mandan estos proyectiles en todas las direcciones menos la del enemigo. Aunque es satisfactorio eliminar a un monstruo con su propia munición. La música fluctúa entre lo admirable para estándares de la NES y la violación auditiva: mientras que en los niveles uno y tres la música es aceptable, incluso genial en el tercero, la del segundo y cuarto nivel causan mareos y náuseas en las mentes frágiles. Si bien el juego dispone de este conjunto de mecánicas que deberían pulirse y podrían producir un grandioso juego, todos estos defectos y su atroz dificultad clásica no pueden mancillar su aspecto más molón: los ridículos bosses.

Desde una planta carnívora que habla hasta una momia de toda la vida pasando por aros de cebolla saltando en una estación espacial, Monster Party tiene una idea algo absurda de lo que son los monstruos de terror tradicionales. Principalmente el que considero el valor central del juego consiste en ver qué tipo de aberraciones pueden lanzarte a la cara: que si un minotauro que te tira cerdos, un pozo que ataca lanzando platos o una medusa que arroja serpientes, este título cubre lo clásico y convencional y lo más absurdo e ilógico. Mi jefe favorito tiene que ser el rockero gigante que te ataca con notas musicales moviéndose de un lado a otro y no nos podemos olvidar de la calabaza con túnica blanca que arroja minicalabazas y salta como una especie de mezcla entre canguro, ninja y peonza. Quiero estresar esto todo lo que sea posible: este juego es jodidamente imposible. Tras meses para poder alcanzar la cuarta fase y sobrevivir a los bosses de las tres frases previas, la cuarta es un jodido laberinto del que me dejé la llave para la puerta, solo para acabar descubriendo que no podía volver atrás pues un enorme muro que no podía saltar bloqueaba mi progreso. Fue en ese punto en el que me rendí y dije "que le jodan" así que anque solo puedo decir que he llegado a la mitad del contenido de este juego, creo saber que lo que me deparan los futuros niveles será mucho peor y me niego a usar trucos para saltar fases. El primer nivel es un desastre estético pues todo son caras cuadradas que sirven de plataformas, y los enemigos se basan mayormente en yokais japoneses como adolescentes uniformados de colegio que atacan con energía espiritual, perros con cara de humano, globos oculares con tentáculos o piernas que salen del suelo y a mitad del nivel todas las caras felices se convierten en caras diabólicas que sangran. La segunda fase es un muermo ya que es un laberinto de alcantarillas y cloacas y sirve mucho mejor de tutorial de enemigos que el primer nivel pues los peces con piernas humanas son menos agresivos que los colegiales que lanzan energía y los cocodrilos que arrojan sus bebés te dan más tiempo a enterarte de como funcionan los enemigos que arrojan proyectiles. Luego viene mi parte favorita que es la claustrofóbica cueva del nivel tres, con estalactitas que caen del techo y enemigos más convencionales como demonios, murciélagos que resultan ser paraguas con ojos (otro yokai japonés) o esqueletos que saltan. Esqueletos que saltan, mayormente hacía atrás. Qué original. Alguien ha visto a demasiados Stalfos. Mi parte favorita es la gran cantidad de estancias vacías en las que debería haber un boss pero no hay absolutamente nada, destacando entre ellas una en la que al llegar, el boss ya ha muerto y te dice "Sorry, I'm dead". Luego tomas el signo de interrogación como recompensa, como si de veras hubieras ganado la batalla. Mágico. 

Así que ¿Qué podemos deducir de Monster Party? Sin hacer demasiada investigación podemos deducir que Monster Party es uno de esos juegos que intenta emular los títulos de Nintendo y que, en algún punto de su desarrollo, iba a ser otra cosa: la portada del juego incluye a monstruos famosos del cine como el monstruo de Frankenstein, Drácula o la cosa del lago, pero posibles disputas con los estudios de cine hicieron que esos monstruos fueran reemplazados por otras cosas con mayor o menor sentido (normalmente menor) y acabamos con un juego que según quién lo mire puede ser o un clásico o una bazofia. En lo que a mi respecta, este juego me pone triste, porque con la debida atención y cariño y si hubiera sido hecho en tiempos modernos podríamos hablar de un juego único y especial con sus mecánicas de mundo abierto recogiendo llaves para progresar, usando el bate como una arma y también como un bate de béisbol y pudiendo convertirnos en un monstruo arrasador que vuela y escupe fuego. Lamentablemente, este juego salió al mundo demasiado pronto y no existen esperanzas de que nadie recupere esta franquicia y le de el trato que se merece, con una secuela para hardware moderno. Por lo tanto y por los problemas que me ha dado este juego que debía ser rápido pero ha resultado ser un infierno de dificultad le voy a dar un "pisar piezas de LEGO yendo descalzo" sobre "ensalada sin aliñar": es un juego torturador que debe ser visto, para ser creído.

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