Una de esas cosas de las que no se podía escapar durante la primera década de los años 2000 eran los juegos musicales. Inciada por Guitar Hero y luego superada por Rockband, los juegos centrados en música se hicieron populares por su combinación perfecta de diversión casual y profundidad competitiva que atraía tanto a gente poco versada en los videojuegos como a auténticos forofos que nos hacen parecer débiles al resto de mortales cuándo tocan una canción en la dificultad más elevada sin fallar una sola nota, con los ojos vendados y haciendo un freestyle si la canción lo permite en algún momento. Pese a los recientes intentos de revivir estas dos grandes franquicias, parece que el mundo ha perdido ya el interés por este concepto, y no ayuda que se pida al comprador una compra individual de cada canción que quiera poder tocar en el juego, práctica que solo ha servido para enterrar bajo más tierra el género de juegos musicales. Si ya he analizado a un juego que salió el once del once del once, ahora le toca el turno a The Beatles Rockband, que salió dos años antes, el nueve del nueve del nueve y que, si me sintiera perezoso, le daría un nueve sobre nueve con nueve sabores distintos de condimentos para hacer la broma y me retiraría. Sin embargo, no puedo daros ese placer y deberé analizar desde mi punto de vista (de alguien que no tiene ni idea de música o juegos de música) si este juego merece la pena. Si ya me referí a Batman Arkham Asylum como un simulador de Batman, este juego es prácticamente un simulador de Beatles: en el modo historia vives la evolución de la banda, empezando con sus primeros bolos en The Cavern con una apropiada cámara en blanco y negro hasta su concierto final en la azotea de Apple Corps, sin olvidar momentos míticos como el disco de Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band o su concierto en el Shea Stadium que tantos problemas ocasionó a la garganta de Lennon. No solo tenemos a un juego lleno de nostalgia sino que las canciones de los Beatles han sido conservadas en una fidelidad fantástica y todo ello va acompañado de recreaciones virtuales del grupo, aunque se hubiera agradecido la opción de disponer de vídeos sobre las celebridades a las que el juego homenajea.
Mi gran problema con este juego es que yo nunca he sido de juegos de ritmo, y para mí suponen una dificultad añadida, sin embargo, mi fanatismo adolescente y admiración del grupo de Liverpool me llevó a desear el juego, que acabé teniendo varias navidades atrás. Junto a mi primera guitarra para poder jugar, me embarqué en un viaje emocional, porque aunque no podía perseverar en las dificultades más altas, ver a mis ídolos a los que no viví, recreados en pantalla y tocar junto a ellos fue un momento mágico. Sé que es estúpido y que en esa época yo era imbécil rematado, pero parte de mí sentía la experiencia real y todavía hoy siento algo mágico cuándo decido desempolvar la guitarra y ponerme a jugar. Por no hablar de la pura locura que es el usar el micófono para tratar de cantar, sobretodo cuándo uno posee mi ineptitud vocal. Una pega del juego es el precio que piden por algunas canciones no incluídas en el CD y el espacio que ocupan, mucho mayor que los datos de algunos juegos. Llegó el punto en que tuve que borrar las canciones que había comprado si quería actualizar la Wii para poder jugar y seguir pudiendo guardar datos de otros juegos. Quizá por eso dejé de jugar, porque parte de mí se sentía mal por no poder disfrutar de la experiencia completa, porque han pasado ya siete años desde entonces y simplemente ver la carátula de este juego me produce incluso más nostalgia que otros juegos como Pokémon o The Minish Cap, el primer Zelda que experimenté. Obviamente, los gráficos serán mejores en las versiones de PS3 y 360, pero la versión de Wii no hunde para nada la calidad sonora y sin duda esos gráficos parecen más bien hechos con la Wii en mente, pues son bastante infantiles. No se me ocurre otra forma de analizar este juego que no sea tener orgasmos de nostalgia por la música que el cuarteto de Liverpool componía. Y es que si olvidamos su etapa genérica y aburrida de sus inicios, la etapa psicodélica es algo que todavía no he podido revivir con ningún artista (exceptuando a Eminem), y sabiendo lo que me cuesta aficionarme a nuevos cantantes, los Beatles son uno de mis tres grandes referentes musicales a la hora de buscar sonidos o temas.
Algo en la voz de Lennon, o en como Paul tocaba el bajo, o las bromas constantes sobre Ringo y la necesidad de innovación de George, me hace querer al grupo hasta la médula, sin duda mucho más que todas esas falsas fans que han escuchado Love Me Do, Yellow Submarine y ya se creen expertas. Hace ya años que no me pongo a escuchar a los Beatles y por buena razón, porque recordar esa música me trae recuerdos de mi oscura adolescencia y no es un momento de mi vida que recuerde con mucho amor. Los Beatles, pese a gustarme su música, y este juego a su vez, me traen recuerdos de tristeza, frío de invierno y pescado. Y sabiendo que son británicos, creo que lo del frío y el pez es apropiado. Este juego es mi tristeza sobre un banco rojo en una lluvia británica que broncea: es algo que escapa a mis capacidades de explicación más allá de afirmar una y otra vez que este título ha dejado huella en mí y define una de las épocas pasadas de mi vida. Es un juego ideal para fans de los Beatles como yo y un juego de música decente para los fans de Guitar Hero y Rockband. Muy recomendable, muy memorable.

No hay comentarios:
Publicar un comentario